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Oliver Klein-Bosquet: Cemento contra la humanidad

Han caído dos muros en poco más de diez años. Mejor dicho han caído un Muro y dos Torres Gemelas; en resumen, mucho cemento, y muchas personas han muerto con todo ello. La pregunta del despiste debería ser sobre cuándo empieza el S.XXI. ¿Empieza el S.XXI con la caída del Muro de Berlín, o comienza éste con el atentado a las Dos Torres Gemelas? Entre „finales de la historia“ y „choques civilizatorios“ aún tenemos espacio para otra diversión como puede ser intentar fechar el origen de la nueva era (la de Bush, Putin, los chinos, los musulmanes y el resto; si utilizamos un estilo de análisis reduccionista).

Puedo estar de acuerdo en que la caída del Muro de Berlín significó el fin de una Guerra Fría que cristalizó como Tercera Guerra Mundial bajo todos los efectos, y acepto que el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York representa la primera crisis internacional del sistema de seguridad en la era de la globalización; mas mis auténticas convicciones y lo que vengo a defender se maneja por otras latitudes. No sé a quién cito exactamente, y lo completo: „Nuestra sociedad está enferma porque estando muy harta, casi al punto de reventar, aún quiere más y más, hasta parecer querer destruirse“. Quizás la analogía de este proceso destructivo actual lo encontremos en los estragos que produce la droga; que se produce en el sur, se comercializa desde el norte y se consume a escala planetaria.

El símbolo del cemento hecho añicos, sin embargo, es el mejor síntoma que nos muestra el declive de nuestra sociedad opulenta, representada por un sistema económico más que nunca esclavizador, el auge de la tecnología, la idiotización premeditada de la gente, el engaño y la hipocresía como medios válidos para aspirar a un sitio de honor en el podio del prestigio. Realmente estamos ante una imagen que nos muestra como algunas cosas se tambalean, y los políticos de turno de las potencias conocidas se mueven para aquí y para allá intentando recolocar o, como mínimo, salvar los muebles, ante el inminente movimiento de tierra. Las casas estaban desde un buen principio mal concebidas, construídas con un material anticuado que no podía soportar las consecuencias del descabellado rumbo escogido. Sin duda, ahora todos buscan un nuevo material, de superior calidad, que no puede ser de ninguna de las maneras precisamente la lucha internacional contra el terrorismo.

Entre los que reubican los muebles, para citar ejemplos más claros y generales, se haya el presidente estadounidense Bush, inmerso en una búsqueda fatal de nuevos destinos estratégicos, empecinado en reforzar su posición de policía mundial y hacer depender a los demás de su capacidad de decisión. Lo de Afganistán, frente a los que decían que se trataría de un conflicto largo, se ha solventado en unos pocos días, porque ante bombardeos indiscriminados de la potencia mundial, no hay país ni combatientes, salvo que posean el botón nuclear, que puedan oponer resistencia. Llegará el día, si seguimos por el mismo camino, en que, por fin, no habrán guerras, porque nos habremos destruido sin llegar a la necesidad de luchar. ¿Cómo se explica que lo de Israel y Palestina no se solucione „ni a tiros“?; entre otros factores menores, hay bombas atómicas entre medio.

Luego está la Unión Europea, con su personaje estrella que no es otro que el español Javier Solana, representante de la Política Exterior y de Seguridad Común. ¿Para qué sirven crear tanta burocracia y tantos papeles estratégicos si en el fondo se es consciente de que no se puede influir sobre el fondo de las cosas? Entonces sí que uno se puede plantear como alternativa el „sistema kamikaze“, fundamentalismos, McVeigh, la revolución, el exterminio, los neozapatistas, la droga de nuevo… Rusia, como Francia lleva haciendo hace tiempo, intenta lo indecible para colocarse de puntillas en la foto, sobre todo procura ser original y un poco autónoma para que su opinión pueda ser considerada, pero no aspira a nada más. En el teatro del mundo todos tenemos un rol que inventamos y nos lo aceptan; si no ocurre lo de la aceptación, que se produce bajo un tipo de pacto secreto e invencible, pasamos a ser considerados inmediatamente marginados („Asoziale“, dicen en Alemania) . Los únicos que parten con ventaja son los chinos porque siempre van despacio, sin renunciar a su tiempo y a las propias convicciones sobre su especificidad. Los chinos, pese a lo dicho, corren el mismo riesgo que los musulmanes; también su capacidad es demasiado grande y el eje del mínimo común denominador que une a sus pueblos, puede en breve pasar a ser secundario ante otros eventos más plausibles como son la pobreza, la dictadura y la corrupción de sus gobernantes. Como en las antiguas Unión Soviética o Yugoslavia, se mantiene el orgullo del origen, el ser eslavo por ejemplo, y se elimina de un plumazo la ideología, la discusión sobre las ideas y modelos de vida. Muchas veces los genes nos engañan y casi siempren ganan a nuestros esfuerzos intelectuales para superarlos. Aquí hace aparición en el escenario el nacionalismo del que pasaré a hablar más tarde.

En todo caso, el peligro universal que se avecina, parecido al peligro que supusieron los bárbaros allende de las fronteras del Imperio Romano hace unos siglos, es el peligro humano de ejecutar el „juego de la doble moral“, porque evidentemente es el menos sincero y por eso mismo se caracteriza por su sutilidad y traición. Todo el mundo conoce este juego y lo acepta en su vida cotidiana, precisamente porque está sometido al mismo. Decimos que estamos en el baile, pues más vale bailar, aunque se haga muy mal. El juego de que hablamos contradice frontalmente el significado estricto del verbo convencer, que debe ser la manera de plantear alternativas diversas ante una situación presumiblemente caótica, y que la gente de buena fe suele practicar con su propio ejemplo. Ni Estados Unidos ni Arabia Saudita; tampoco la Unión Europea como conjunto; China y Rusia; pueden pretender convertirse en paladines de una cosa que ignoran. Se puede bailar pero no se puede exigir que te reconozcan que estás bailando bien o imponer tu forma desastrosa de bailar.

Por un lado, el capitalismo ha vencido porque partía con otra ventaja comparativa diferente a la de los chinos, también aplicable en breve para éstos: sin duda, se trata de la segunda ideología más antigua de la historia tras el machismo. Me imagino en este punto que lo primero que Adán hizo al saber lo que había hecho Eva, fue darle una tremenda bofetada e inmediatamente después castigarla para siempre a cocinarle y lavarle la ropa, hecho que le suponía al primitivo Adán un gran ahorro físico y económico. En este sentido, sí que Estados Unidos y el mundo musulmán, hoy aparentemente enfrentados, predican con el ejemplo bíblico equivocado y tienen que correr con las consecuencias. Dios, que está detrás de todo, permitió y aceptó la reacción de Adán, como el mundo comprende que hay que darle patadas para vencer, que no es lo mismo que convencer, al que opina diferente. Ésta es la representación de una historia muy occidental, que también tiene su representación en la escenografía oriental, árabe o africana, por citar otros ejemplos.

Después de hablar mucho de Estados Unidos no está de más citar directamente a Arabia, el país que especula en el mercado financiero con sus dólares petrolíferos para luego recomendar una buena dosis de religión, pura y dura. Más opio, como denunciaba y se convirtió para sí mismo el propio comunismo. Más opio o tiempo perdido en la formulación de articulaciones intelectuales estúpidas, como la idea de que con democracia, mercado abierto y respeto a los derechos humanos todo va a arreglarse. ¿De qué democracia, mercado y derechos humanos hablamos? En ningún caso el ejemplo válido es el predicado por los Estados Unidos, con un presidente elegido de forma extraña, que sólo es el presidente de la mitad exacta del electorado, con una cantidad enorme de vagabundos que viven peor quizás que otros muchos pobres por dondequiera (aparte de la pobreza espiritual que supone alzar la vista y verse rodeado de una riqueza que no puede alcanzarse y además humilla; a los mismos rascacielos me refiero) y una disciplina tan antigua como falsa que pretende eliminar la conflictividad social con la ley del talión y el hacinamiento de presos en „corredores de la muerte“. Ya lo dijo Ghandi: „ojo por ojo y seguro que nos quedaremos ciegos“. Tampoco es nada lógico lo que está pasando en mi admirado mundo musulmán cuando se produce la complicidad entre un argelino, daga en mano y angustia por la supervivencia, y un millonario saudí que se dedica a ensalzar la bondad de Alá por medio de Al Yazira. Bajo mi punto de vista, a éste argelino le ocurre lo mismo que al dominicano, consumidor habitual de CNN, que se pone la gorra de béisbol de los „Yankees“ e insulta abiertamente „hijoputas“ a los estadounidenses.

Otra ideología basada en sentimientos humanos irreprimibles, como fueron el Machismo con la imposición de la fuerza física de los hombres, y el Capitalismo con el egoísmo de acumular sin pensar en la posibilidad de compartir, es el Nacionalismo que se fundamenta en una mezcla de los dos elementos citados: orgullo y creencia en la capacidad de imponer los propios criterios al resto, por entender que su superioridad es incuestionable. Esta ideología, que tiende a enterrarse y resurgir en los tiempos más remotos, aún hoy provoca estragos y deberemos entenderla como parte de la reacción ante la situación actual de crisis. Pensemos por un momento en las nuevas piezas del tablero, que son muy importantes: en el mundo musulmán convive una especie de Machismo entremezclado con un Nacionalismo tribal y otro en referencia a la religión que se profesa. En China, la religión no acumula la fuerza integradora del Islam, pero se asocian Machismo, Nacionalismo y Comunismo. En cuanto a la posibilidad que el mundo musulmán se convirtiera en comunista la oportunidad ya se perdió y no hay vuelta de hoja. Éstas sean seguramente las razones de muchos miedos.

Ante tantas cuestiones y posicionamientos críticos del momento actual que nos ha tocado vivir, el valor universal que hoy día podemos aspirar a encontrar, unos y otros, es el de la comprensión del sufrimiento de los países y de las familias pobres de todo el mundo. Quizás en otra cosa no podamos ponernos de acuerdo, pero el sufrimiento de estas gentes también es transmitido por vía satélite, por lo tanto, incuestionable. La injusticia social, las guerras y el racismo son causas de la situación de angustia de millones de personas por lo que deberíamos convenir hacer algo para combatirlos y remediarlos. Una verdad universal es que el sufrimiento está repartido y que no todo es del color de rosa de los vestidos de las muñecas que nos venden por Navidad. El pan de hoy puede convertirse en hambre para mañana. La verdad no puede ser impuesta si pretendemos defender la libertad a que todo ser humano tiene derecho. Nadie sabe lo que puede pasar en el futuro y nadie está libre de pecado para tirar la primera piedra, pero lo que está claro es que los tiempos que estamos afrontando no los afrontamos con ganas de remediar lo que se puede remediar, sino que parece que el sistema de dominación que históricamente ha impuesto una minoría sobre una mayoría, parece reproducirse, con las únicas diferencias de que la minoría que impone incluso no tiene el dominio de la situación, y de que la mayoría existente ha sido sometida a un lavado de celebro tan grande que no puede responder más allá del consumo, el color y el sexo.

Ante dicho panorama dibujado me atrevo a decir que efectivamente está cambiando mucho para que no cambie esencialmente nada. Los males son los de siempre y los malos de hoy también se comportan como los de ayer. Sólo hace falta graduar bien las lentes y apuntar al objetivo al que debemos derrotar con el dardo de la palabra. Y de los hechos incuestionables.

Propongo volver a la reflexión humanista sobre el sentido de nuestra existencia y la finalidad de la misma. Antepongo la humanidad al cemento, simplemente porque quiero salvarme. No se pueden construir más muros y torres, para que se nos caigan de nuevo encima.

Pensamientos de Alemania 2000

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