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    Castelldefels: el congreso de las mujeres socialistas

    Publicado por Raimon Obiols | 15 Junio, 2008


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    Hace unas semanas me llamó Albert Aixalà pidiéndome un artículo sobre el Congreso de Castelldefels del PSC (28 – 31 de mayo de 1982). Está por publicar en un libro que editará la Fundación Rafael Campalans sobre los congresos del PSC. Le dije a Albert que la idea no me acababa de convencer. A menudo, los congresos de los partidos oscilan entre extremos: o son dramáticos, cuando hay una pugna entre sectores contrapuestos (y entonces hacer el relato retrospectivo es una cosa bastante delicada); o, si no es así, los congresos suelen ser un poco rituales o aburridos (y entonces, ¿por qué hacer el relato retrospectivo?).

    Pero soy disciplinado, y le he escrito el artículo a Albert. Me lo he pasado muy bien haciéndolo, sobre todo porque me ha servido para comprobar que, a veces, aquello que parece importante en un momento dado acaba no teniendo demasiada importancia, y al revés.

    El III Congreso que el PSC celebró en Castelldefels en 1982 se planteó entonces como una pugna democrática entre dos sectores, en la que, aparentemente, importantes diferencias se ponían de manifiesto. En el periodo anterior al Congreso habíamos vivido la crisis derivada de la tramitación en el Congreso de los Diputados de la LOAPA: no era el ambiente más favorable para un congreso tranquilo.

    A pesar de todo, la salida del congreso fue claramente positiva: “Ambiente distendido en el congreso del PSC” titulaba, el día siguiente de la clausura, la prensa, que lo detallaba así: “La reelección de Joan Reventós (con un 91,7% de los votos) en el cargo de primer secretario y la ratificación por el plenario de una ejecutiva integradora de las diversas corrientes del partido marcaron el final de la asamblea de los socialistas catalanes. A diferencia del anterior congreso del PSC, éste se ha caracterizado por la casi total ausencia de tensiones y enfrentamientos“.

    Releyendo los debates de aquella época, me parece que uno y otro sector del congreso decíamos en el fondo lo mismo (lo trato de explicar en el artículo del libro de la Fundación Campalans), aunque el énfasis, los matices o las prioridades tácticas no coincidiesen al cien por cien. Es la discusión al respecto, justamente, aquello que permite que un partido vaya definiendo colectivamente su camino a través del debate democrático.

    Pero visto con la perspectiva que dan los años transcurridos desde el congreso, a mí me parece que se produjo en Castelldefels un hecho que fue mucho más importante y significativo que aquel debate que ocupó la agenda del congreso y las planas de los diarios. En aquel congreso, el PSC se convirtió en el primer partido de Cataluña y del estado español que aprobaba una cuota de presencia femenina en los organismos de dirección y en las listas electorales.

    Al respecto leemos, en la prensa de aquellos días, sólo un par de líneas displicentes: “un punto de novedad del congreso lo constituye la aprobación de una enmienda según la cual, en todos los órganos de dirección y representación del partido habrá, como mínimo, un 12% de mujeres“.

    Visto a una distancia de un cuarto de siglo (la que nos separa del Congreso de Castelldefels), este porcentaje y el alboroto que la aprobación de aquella enmienda produjo en el congreso hacen sonreír. Pero en aquellos tiempos la presencia de las mujeres en los órganos de dirección y representación era tan exigua que ahora haría llorar.

    Se produjo, a la hora de votar aquella enmienda, que no dudo al calificar histórica por su carga desencadenante de dinámicas posteriores, una división en el interior de cada uno de los dos grupos confrontados al inicio del congreso (muy mayoritariamente masculinos).

    Los dos sectores se dividieron en relación a aquella enmienda sobre la cuota de mujeres. Y del uno y del otro surgió una mayoría transversal, de conjunto (hace falta añadir que bien escasa: un 52,3% de los votos en el plenario) que votó un cambio fundamental para emprender prácticamente el proceso de feminización del partido. No fue fácil: “La aprobación de esta enmienda estuvo a punto de hacer caer la ejecutiva pactada“, explicaba Enric Canals, al día siguiente del congreso, en el diario “El País“.

    Como ha escrito Anna Balletbó en un libro de recuerdos: “Lo más importante es que quede para la historia, al menos para la historia de las mujeres, que fuimos un colectivo no demasiado extenso de mujeres socialistas catalanas, con alguna complicidad masculina, las que en 1982 conseguimos establecer por primera vez en España la cuota obligatoria de presencia de mujeres por mandato estatutario en un partido político. El de los Socialistas de Cataluña“.

    En la aprobación de la enmienda, que fue defendida en el plenario por la periodista Anna Castells, tuvieron un papel protagonista un grupo de mujeres del PSC que, desde los orígenes del partido se habían organizado en torno a la comisión de la mujer y habían decidido impulsar un proceso que en aquellos años justo empezaba en nuestros partidos hermanos del norte de Europa: la ya mencionada Anna Balletbó, Marina Bru, Maria Aurèlia Capmany, Judith Ibáñez, Enrica Mata, Marta Mata, Dolors Oms, Maria Lluïsa Penelas, Rosario Ros, Trini Sánchez Pacheco, Rosa Torné, Fina Vidal, etc. Como delegadas o como miembros del servicio de orden del congreso desarrollaron una frenética actividad con el fin de convencer a las delegaciones, en un ambiente nada propicio.

    Y ganaron. El proceso estaba lanzado: a partir de entonces fue imposible detener la lógica de aumento progresivo del porcentaje de la cuota femenina en el PSC. Y tan importante como eso, la oleada expansiva de la enmienda había empezado y se mostró imparable: ocho años después, en el XXXII congreso del PSOE se obtuvo una cuota del 25% de presencia femenina, “con un debate“, escribe Anna Balletbó, “en el que las mujeres catalanas allí tuvimos bastante que ver“.

    Entre las compañeras de aquella batalla congresual de Castelldefels por el 12% de cuota femenina, había algunas que estaban casadas con militares de la UMD (la Unión Militar Democrática): Caridad Ferré, Margarita Pi de la Serra, Pilar Suero

    Ni ellas ni ninguno de nosotros podía imaginar en aquellos momentos que Carme Chacón, entonces una niña de once años en Esplugues, bien cerca de Castelldefels, tendría que ser, años a venir, Ministra de Defensa de un gobierno socialista con más mujeres que hombres en su composición.

    Categorias: General, Política catalana, Política española, Semblanzas, Socialismo | 1 Comentario »

    Una Respuesta para “Castelldefels: el congreso de las mujeres socialistas”

    1. Anna Balletbò escribió:
      Julio 10th, 2008 at 11:51

      En el siguiente link se encuentran dos capítulos del libro que escribí y que hacen referencia al Congreso de Castelldefels:

      http://www.mediafire.com/?oyyeknepcg9

    Comentarios

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