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    Editorial de “Nou Cicle”: Un nuevo comienzo del socialismo catalán

    Publicado por Raimon Obiols | 30 Noviembre, 2010


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    El PSC ha sido derrotado de forma inapelable en las elecciones catalanas del 28 de noviembre de 2010. Aunque no ha tenido el efecto brutal de la derrota de 1980, cuando todo el mundo daba por supuesta su victoria. Ahora la derrota, en uno u otro grado, estaba anunciada a diestro y siniestro por todas las encuestas y su digestión había comenzado hacía un cierto tiempo.

    Algunas causas estaban cantadas. La grave crisis económica internacional, con las recientes medidas de ajuste del gobierno socialista del Estado, mordía duramente en los sectores más débiles, en los tradicionales yacimientos de voto socialista. No sólo: la crisis, con sus causas y consecuencias más visibles, decepcionaba gravemente la gente de izquierdas que, de momento, sólo constataba la impotencia del poder democrático ante los designios de unos poderes financieros globales absolutamente determinantes y fuera de madre.

    A su vez, la truculenta sentencia del Tribunal Constitucional, había mutilado gravemente el Estatuto pactado en las Cortes Generales, promulgado como ley orgánica del Estado y refrendado por los catalanes. Con ello, por vía extraparlamentaria, ganaba la partida el nacionalismo español, sin que quedara claro de qué maneras y con qué calendario podía repararse el estropicio.

    Más aún: la sentencia parecía liquidar la distinción constitucional entre regiones y “nacionalidades”, es decir, la piedra angular sobre la que era imaginable, desde la transición, una futura evolución federal del Estado que permitiera el debido encaje de las naciones históricas, que la sacara de su carácter uninacional, para hacer un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico, y para dotarlo de un modelo federal más o menos equivalente al alemán. La sentencia, efectivamente, parecía desmentir el mismo pacto constituyente de 1978 y, con él, claro, el proyecto federal del PSC, que pasaba a ser, a ojos de muchos, poco menos que utópico.

    Sólo había que añadir a todo esto la falta de cultura de coalición imperante en Cataluña y España, junto a la progresiva deriva mediática hacia la “información de mercado” y hacia el cultivo del escándalo. De este modo, un simple estornudo del Gobierno de Entesa se convertía en una estruendosa tormenta. No digamos si, además, se producían goles en propia portería.

    Ahora, el PSC, más allá del proceso de reflexión serena y valiente que tiene que abrir, se dispondrá a ejercer plenamente de oposición constructiva, enérgica y responsable y tiene que estar en guardia contra todo intento de desmontaje de los servicios públicos constitutivos del Estado del bienestar: el momento es altamente propicio. Debe construir consensos sociales y políticos activos con el fin de detener cualquier deriva al respecto.

    Por otra parte, creemos que el PSC debe disponerse a promover y establecer alianzas y acuerdos estratégicos, en el Parlamento y en la sociedad, en relación con el autogobierno de Cataluña y su relación con el Estado. Pasada la etapa electoral, hay un posicionamiento preciso de la mayoría del Parlamento en cuanto al cumplimiento del Estatuto pactado en las Cortes y refrendado por el pueblo de Cataluña. No sería aceptable ningún tipo de abandonismo y Cataluña no se lo puede permitir. La España democrática, con la que Cataluña pactó el Estatut, le debe una trascendental respuesta que puede ser decisiva para la evolución de las cosas.

    Queda, para la historia, pero también para el futuro a medio plazo, la envergadura de la obra de gobierno realizada y casi desconocida. Un día será reconocida por todos y se convertirá en un capital político a reivindicar, tanto en el terreno social como nacional. Y queda también, especialmente, la dignidad y el rigor con que el presidente Montilla ha ejercido la Presidencia de la Generalitat, lejos de patrimonialismos y de gesticulaciones, sin ruido, con un rigor y una coherencia de fondo que hay que poner debidamente en valor.

    Podría decirse que el PSC se ha encontrado embarcado en una imposible batalla “contra los elementos”. Pero limitarse a ello sería tanto como escamotear los propios errores, que evidentemente han sido. Habrá que analizar y discutir cuidadosamente las orientaciones, decisiones y pasos del trayecto seguido, valorar sus efectos y determinar los cambios necesarios a efectuar. No hay que precipitarse, porque hay que hacerlo de la manera más inteligente y con la capacidad de decantar consensos que permitan los cambios que el PSC necesita. No hay que dormirse ni equivocarse, porque dependen las esperanzas e intereses de amplios sectores sociales, los trabajadores y los sectores progresistas, el futuro de una alternativa al centroderecha nacionalista y el propio futuro de Cataluña.

    Willy Brandt decía que el rasgo más característico del socialismo democrático era su capacidad de hacer “nuevos comienzos”. De eso se trata ahora en el socialismo catalán. Podemos conseguirlo si sabemos mirar juntos al futuro y al pasado, con lucidez colectiva y con fidelidad a nuestros valores y a nuestra historia. El anuncio de un congreso extraordinario del PSC por el presidente Montilla, abre, en este sentido, una perspectiva y señala los ritmos debidos. Nou Cicle participará activamente en el proceso que se ha abierto, y hace un llamamiento a participar todas las personas interesadas en revertir positivamente la actual situación en Cataluña, abriendo nuevas perspectivas, nuevos proyectos y una nueva esperanza.

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