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    Congreso del PSC (2): gestión e ideas

    Publicado por Raimon Obiols | 5 Julio, 2008


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    Presentamos, antes de ayer, dos nuevos libros de la Convenció pel Futur: “Les paraules del socialisme” y “L’esquerra, un instint bàsic“. En el salón de actos del CIDOB, bien lleno, intervinimos Laia Bonet, Miquel Iceta, Jordi Borja, Antoni Comín y yo mismo.

    Querría hacer un comentario sobre el segundo libro, para poner de manifiesto algo que me parece que no dijimos en el acto de presentación y que creo que es importante: en muchas de las aportaciones de este libro hay un énfasis especial que valora expresamente la cultura de la gestión pública, de aquello que podríamos denominar el gobierno de la intendencia de la sociedad. Se insiste en algo que me parece fundamental: la prioridad que hay que dar, en todo momento, a las cuestiones de la maquinaria económica, social y administrativa del país, como elementos esenciales e indispensables para hacer avanzar concretamente unas ideas y principios determinados.

    Me parece un aspecto especialmente importante, y creo que conviene insistir en ello en puertas del próximo congreso del PSC.

    A veces se cae en un tipo de dicotomía que genera confusión, que hace perder muchas oportunidades (de sinergia y explicación) y que eventualmente puede producir derivas negativas. Me refiero a una separación esquemática y en cierta manera recíprocamente excluyente entre aquello que sería la “gestión“, por un lado y las “ideas” por el otro.

    La “gestión” estaría determinada simplemente por los criterios de los expertos, por la adaptación a las fuerzas reales de la economía y la sociedad, y por un discurso estrictamente pragmático.

    Las “ideas” servirían para desarrollar un discurso general, poco conectado con la realidad concreta de las cosas, y derivando eventualmente  o bien hacia unos planteamientos de reivindicación o de crítica (que tienden a poner a la “gestión” en situación de sospecha, como terreno abonado de compromisos y dimisiones); o bien, en un extremo contrario, a utilizar las “ideas” como hipócrita decoración o camuflaje de una “gestión” determinada por otras motivaciones.

    Tiene razón José Antonio González Casanova cuando, en su aportación al libro, lamenta que demasiado a menudo la acción concreta y el discurso sigan rutas diferentes (“Estoy un poco cansado de escribir tanto“, dice, “y que se haga tan poca cosa“). Es una situación en la que, por un lado se moverían los gestores pragmáticos y desinhibidos (“¿Socialismo? Socialismo es lo que estamos haciendo“) y por otro los utópicos desarmados.

    Pero a mí me parece que, probablemente a causa de las experiencias colectivas y personales de muchos de la veintena larga de autores y autoras de “L’esquerra, un instint bàsic“, esta compartimentación negativa entre “gestión” e “ideas“, tiende a dar paso a un enfoque que es estimulante, porque va en busca de la coherencia y se vincula a la reivindicación fuerte del servicio público, de la gestión pública, de su coherencia y dignidad, de su rigor y prestigio. Me parece ver, en estos textos, un enfoque abiertamente contrario a la desconexión entre gestión y discurso y, todavía más, a la hipocresía de cubrir con bellas ideas una gestión que en la práctica las desmiente.

    Creo que éste es un denominador común de las aportaciones del libro “L’esquerra, un instint bàsic“, y ello me parece significativo y satisfactorio, especialmente porqué se trata de un aspecto particularmente importante de lo que debería ser, desde mi punto de vista, el mensaje del próximo congreso del PSC y, más en general, de la acción del socialismo en los próximos años: plantearse seriamente la búsqueda de la máxima concordancia, de la máxima coherencia posible, entre gestión y discurso (en el extremo, para usar los términos de González Casanova, entre realpolitik y utopía socialista).

    P.S. – Informando sobre el mencionado acto de presentación de los libros de la Convenció, una crónica periodística dice que en mi intervención comenté que algunos “hacen aspavientos porque hay miles de ciudadanos que celebran la victoria de la selección española” y que añadí: “¿Alguien puede imaginar que en Cataluña haya gente que no lo celebre?“.

    No es éso el qué dije, sino otra cosa: “¿Alguien puede imaginar que en Cataluña no haya gente que lo celebre?” (y añadí: “…De la misma manera que en Cataluña la ‘Plataforma pel dret a decidir’ puede convocar manifestaciones de miles de personas“).

    He aquí un ejemplo de manual de cómo, en una crónica, un sencillo adverbio mal colocado puede transformar una opinión en una chorrada.

    Categorias: General, Política catalana, Socialismo | Sin Comentarios »

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