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    Rajoy y la fatiga

    Publicado por Raimon Obiols | 4 Marzo, 2008


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    Las declaraciones del secretario de comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, recogidas hace unos días en el Financial Times, resumen muy bien la táctica que el partido de la derecha utiliza en esta campaña: “Crear dudas sobre la economía, la inmigración y las cuestiones nacionalistas“, con el fin de “desalentar a los votantes socialistas“. En el debate de ayer, Rajoy no se separó ni un milímetro de esta táctica, pero no parecía encontrarse demasiado a gusto.

    El problema con estas tácticas de carácter brutalmente negativo es que fatigan, porque son métodos apoyados en el requisito indispensable de la insistencia, de la repetición. Entonces el cansancio se produce inevitablemente, y puede afectar al propio protagonista. Me pareció que Rajoy se mostraba ayer, en algunos momentos, cansado y fastidiado por las cosas que sus asesores le hacían repetir una y otra vez. Incluso cuándo encadenó el verbo “mentir” no sé cuántas veces, me pareció que mostraba fatiga y le faltaba convicción. Aznar es mucho más adecuado, congénitamente, para estos métodos de mala leche reiterativa: se encuentra cómodo y el desprecio y el insulto le salen de dentro, sin esfuerzo. Rajoy quiere convencerse de  que disparando el trabuco  repetidamente acabará liquidando el adversario, pero no se lo acaba de creer, no le acaba de salir bien y éso se nota. No puede ocultar una mirada perpleja, un poco perdida en el horizonte.

    Pero no nos engañemos: esta fatiga que amuchos nos produce la agresividad repetitiva puede representar, para el PP, alguna oportunidad. En la sociedad hay gente, espero que poca, a la que le encanta la bronca. Y quizás una parte de la opinión pública española, espero que pequeña, puede pensar que si el PP vuelve al poder, se calmarán y nos dejarán un poco más tranquilos. Puede pensar en un comunicado de la calle Génova, la noche del domingo, diciendo algo parecido a “la guerra ha terminado“.

    Se equivocan: si Rajoy ganara acabaría creyendo ciegamente en las recetas de sus estrategas “neo-cons“, endurecería la mente y la mirada, pasaría a una etapa peligrosa de explotación del éxito, y probablemente acabaría transformándose en un mutante extraño, vengativo y agrio (como, visiblemente, le ha sucedido a Aznar).

    Si fuera recompensada por un buen resultado el próximo domingo, la agresividad forzada del candidato popular se convertiría en una agresividad natural, interiorizada, salida de dentro, deshinibida. Con Rouco Varela al frente de la conferencia episcopal, un Rajoy liberado de complejos formaría una temible pareja capaz de todo.

    Es mejor para Rajoy y para todos nosotros que el objetivo central de los cerebros de la campaña del PP (la abstención, por cansancio, de los votantes de izquierda “desanimados“) no sea alcanzado.

    Categorias: General, Política española, Semblanzas | Sin Comentarios »

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