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    Los ricos de Neuilly-sur-Seine

    Publicado por Raimon Obiols | 19 Diciembre, 2007


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    En Neuilly-sur-Seine, Sarkozy obtuvo el 87% de los votos en las últimas elecciones presidenciales francesas del 2007. Es un resultado sin sombra de ambigüedad y plenamente ilustrativo, porque se trata de un municipio de la aristocracia y la gran burguesía, de la que Sarkozy fue alcalde (construyendo, por cierto, un 2,6% de vivienda social cuando la ley francesa fija un umbral mínimo del 20%).

    Monique Pinçon-Charlot, una socióloga francesa que trabaja desde hace décadas en el estudio de la alta burguesía, dice irónicamente que “hoy la gran burguesía es quizás la única clase social en el sentido marxista del término”, una clase que “comparte unas condiciones y unos lugares de vida, una sociabilidad común”, es “extremadamente activa, competitiva, consciente y exigente”, tiene una elevada conciencia de clase y practica la máxima “Pour vivre heureux, vivons cachés” (“Para vivir felices, vivamos ocultos”).

    La conclusión de la socióloga, que ha hecho mucho trabajo de campo y ha entrevistado a lo largo de los años a una gran cantidad de miembros de la alta burguesía, es doble: 1) en general “son gente encantadora”, educados, amables, muy sensibles a los temas ecológicos y, sobre todo, muy discretos; 2) Tienen una conciencia de clase muy coherente, activa y determinada. A juzgar por el voto de Neuilly, hay que dar la razón a Monique Pinçon, al menos en el segundo punto. Yo creo que esta segunda característica que apunta a la socióloga es universal: en todo el mundo, los ricos, viejos y nuevos, más exhibicionistas o más discretos, muestran una considerable conciencia colectiva de clase y muestran una gran cohesión y determinación en la defensa de sus intereses.

    El problema en Francia (y creo que éste no es tampoco un fenómeno privativo de aquel país) es que el mundo del trabajo no muestra esta cohesión, sino que por el contrario ha tendido a disgregarse, no solos por los cambios de la economía posfordista, sino también en el campo cultural y político. En mayo de 1981 el partido socialista recogía un 74% de voto obrero, y este porcentaje había caído al 13% a las elecciones de abril de 2002 (Eric Maurin, “La crise sociale française”, Le Monde, 21.11.05). Aunque Ségolène Royal corrigió la tendencia, el problema sigue planteado con toda crudeza, y no afecta solo a los socialistas sino a las izquierdas en general.

    [1] Michel Pinçon et Monique Pinçon-Charlot , Les ghettos du gotha», Le Seuil, Paris 2007.

    [2] Les riches veulent leur part du ghetto, entretien avec Monique Pinçon-Charlot et Michel Pinçon, Regards, n° 46, desembre 2007.

    Categorias: General, Política europea, Socialismo | Sin Comentarios »

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