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    Libros, libritos, librotes

    Publicado por Raimon Obiols | 16 Diciembre, 2007


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    El admirado Màrius Serra (a quien, como tantos otros lectores, tengo que agradecer que me haya hecho pasar tantos buenos ratos con sus libros y productos varios), comentaba el otro día en La Vanguardia (Bastardías de gloria) que “tendríamos que retroceder varias décadas para encontrar tantos libros de políticos” en “las listas de los más vendidos en el apartado catalán de no ficción”. ¡Mencionaba el primer volumen de las memorias de Jordi Pujol, la Democracia a sangre fría del convergente David Madí, el Entre una España y la otra del “divergente” (sic) Duran i Lleida, añadía el Sí, abogado! de Miquel Roca, el Cataluña será logística o no será, de Ramon Tremosa, las Conversaciones con Xavier Sala y y Martí y, finalmente, “el único libro firmado por un político que no es ni de Convergencia ni de Unió”: El Plan B de Joan Ridao. Pero éste último, decía Serra, “tampoco está en el gobierno ni su libro, por ahora, en las listas de los más vendidos”.

    Es un tópico de la vida política europea decir que los que no están en el gobierno sino en la oposición se tienen que consolar de alguna manera y lo hacen publicando libros. No voy a caer en él. Pero si  querría señalar la diferencia que existe entre publicar libros y escribirlos. Cuando un buen profesional compone un texto partiendo de unas horas de conversación con un político, grabadas por un pequeño artilugio japonés, el resultado final no es, salvando excepciones, un libro sino un librito o, en el peor de los casos (y eso no es responsabilidad del periodista sino del político), un librote.

    Este método, que es aceptable en el caso de Sara Montiel o de otras personalidades famosas, no lo es, me parece, cuando se trata de políticos, en especial cuando publican sus memorias. Todos sabemos que éstas no dicen forzosamente la verdad, pero al menos la escritura otorga una autenticidad al texto, de la que se desprende una determinada verdad concreta sobre el libro y el autor.

    Serra comenta la cita del general Patton que es utilizada para la publicidad del producto (libro, librito, librote?) firmado por Madí: “No bastard ever won a war by dying for his country. He won it by making the other poor dumb bastard die for his country”.
    “Sorprende” dice Serra “que Madí importe al catalán una mala traducción heredera de los doblajes pacatos’ de la España franquista”. El bastard inglés no equivale, en efecto, al bastard catalán, sino a las “diez letras de las tres palabras” que Madí no ha usado en público “ni en sus peores invectivas”. Pero que suenan y resuenan a menudo, digamos que casi cada domingo, en uno u otro de nuestros campos de deportes.

    Ahora: ¿qué sentido hay que dar a esta cita de Patton que hacen Madí o sus publicitarios? ¿De qué guerra se trata? ¿Donde se sitúa Madí en esta guerra? ¿Entre los bastardos “listos” que envían a los otros a morir por la patria? ¿O entre los bastardos “bobos” que mueren por la patria? Esperemos que en ninguno de los dos, y que la cita sea solo una triste argucia publicitaria, para que se hable del producto (como yo, ay! estoy haciendo).

    Cataluña es un país de paradojas. No es exactamente el seny y la rauxa: es la tendencia, por una parte, a la gesticulación verbal y fachendosa y, de la otra, la persistente actitud de tenacidad y continuidad, el idealismo realista del país.

    Tenemos la suerte inmensa de que los cimientos son buenos. ¡Los romanos se quejaban de los Borgia (“o Dio, la chiesa in mando dei catalani”!); ¿sin embargo, qué habría sido de Cataluña en manos del popolino romano (que por otra parte tiene, a ratos, su gracia)? No lo sabremos nunca.

    Por una parte está la base del país, la que sedujo al Orwell de l’Homage to Catalonia en los años de la guerra civil y la revolución; la que aguantó la tragedia y superó aquello que eufemísticamente algunos llaman “los años difíciles”; la que hoy trabaja, imagina, crea, tira adelante y hace que el país salga adelante.

    Por otra parte, sin embargo, siempre hay este contrapunto teatral, gesticulante, zascandil y tarambana de los herederos dilapidadores, que proclaman su amor a la patria, se autocondecoran, hacen proclamas y – siempre que pueden – tratan de sacar todo el provecho que pueden. Bastards en versión catalana.

    Un radical diría que los librotes merecen ser consumidos en una librotada, como los calçots en una calçotada. Estoy radicalmente en contra de esta opinión, que los fascismos no solo sostuvieron sino que aplicaron. Libros, libritos y librotes son todos ellos valiosos y tienen que tener su lugar en las estanterías: todos ellos son testigos de un tiempo y de un país. Todos ellos hacen historia, y la historia no perdona.

    Categorias: General, Política catalana | 1 Comentario »

    Una Respuesta para “Libros, libritos, librotes”

    1. “Una idea de Catalunya” | Notas de Bruselas escribió:
      Febrero 18th, 2008 at 19:16

      [...] Nos propusimos, a la Convenció pel Futur, abrir debates significativos y, en general, contribuimos a generar “inteligencia colectiva” en el campo de las izquierdas de Cataluña. El libro “Una idea de Catalunya” es un primer resultado de los debates de la Convenció, que nos llena de satisfacción, porque es un buen libro, en unos momentos ente los que (en el ámbito político) abundan los libretos y los librotes. [...]

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