Muy clarificadora la entrevista que le hizo Rafael Sarralde al filósofo Eugenio Trías en este periódico. Trayectoria la suya salpicada de decepciones según declara el propio interesado. De decepciones y de bandazos, si se piensa que perteneció al Opus Dei y al PCE. Las primeras son inevitables. Los segundos, sin embargo, inquietan y desconciertan a aquellos que no queremos renunciar a conocer la obra de pensadores de nuestro tiempo. Sin embargo, por muy inexplicables que sean esas fluctuaciones, sí es cierto que, en el ámbito del pensamiento, resultan harto frecuentes. Ítem más, muy, pero que muy actuales. Pensemos, sin ir más lejos, en Memorias sobre medio siglo, el último libro que de Carlos París. Su deriva ideológica es de amplio recorrido según confesión propia. Coincide en el tiempo el referido libro con el ensayo de Jordi Gracia, Estado y cultura: el despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo (1940-1962). El lector de este pormenorizado estudio se encontrará también con montones de datos que avalan los derroteros erráticos de muchas de las figuras de las letras y del pensamiento español en plena oleada casposa del franquismo.
En todo caso, más allá de la inevitable desconfianza que generan estas biografías intelectuales tan errabundas, lo que queda tras el tránsito por la obra de Eugenio Trías es, al margen de una indudable erudición filosófica, que parece obligada en un catedrático de la materia, el continuo tropiezo con una voluntad de estilo que intenta evitar, no siempre con la misma fortuna, el fárrago.
La obra de Trías es la propia de un pensador de nuestro tiempo que se acerca a un montón de fenómenos que cercan al hombre de hoy. De cuantos libros suyos he leído, hay tres que recuerdo especialmente: El artista y la ciudad, Lo bello y lo siniestro y Filosofía del futuro. El primero, publicado en 1975, intentaba despejar incógnitas estéticas en un tiempo, sobre todo en España, en que los horizontes parecían muy susceptibles de ensancharse. El segundo, a poco que se piense en el título, tiene unas indiscutibles reminiscencias clásicas, mientras que el tercero es un continuo intento por explorar el itinerario que iba a seguir la filosofía a partir de aquellos años 80 en los que se planteaban interrogantes que a día de hoy no se han despejado. Parte no desdeñable de sus vaticinios no estuvieron muy acertados, aunque eso no le resta interés, pasados los años.
Filosofía mundana que no quiere decir filósofo “mondain” al orteguiano modo. A la hora de establecer símiles con las grandes figuras del pensamiento español, el cotejo podría estar más cerca de Eugenio D´Ors que de Ortega.
Trías pertenece al conjunto de ensayistas contemporáneos que nos han venido acompañado en lo últimos años. Es de esos pensadores cuya lectura nos interesa siempre, pero que no nos ha llenado nunca. Acaso su mejor obra esté aún por publicar. Y hay que seguir leyéndolo.
La Nueva España - 07.05.2007