Adéu a Pasqual Maragall (21/06 2006)
El president Maragall no tornarà a encapçalar la llista del PSC. I reconec que tot i que era una possibilitat clara i declarada, en saber la notícia no he pogut deixar de pensar que amb ell acaba una etapa important de la política catalana. Sens dubte, Pasqual Maragall ha estat un polític rar; per alguns, incòmode, i per altres, estimulant. Un personatge heterodox i avançat, amb una visió de futur poc comú, que en massa ocasions havia de frenar quan se n’adonava que ens el miràvem des de lluny perquè era difícil seguir-lo. Insatisfet compulsiu. Persona honesta i d’ideals. Descarat. De tracte imprevisible. Home de resultats. Un outsider al front d’un partit dels clàssics. Convençut dels seus arguments i capaç de posar-los cap per avall tot d’una si s’havia d’afrontar una situació nova. Més enllà dels Jocs Olímpics del 92 o de l’Estatut de 2006, o de les anades i tornades als Estats Units o a Roma, un apassionat per Catalunya i pel seu progrés social i econòmic. Pasqual Maragall ha estat la vitalitat extrema i també la desorientació després de la desil·lusió. El seny i la rauxa condensades. Amb la seva retirada de la primera línia no deixa ni orfes ni hereus. Amb la seva decisió no abandona l’escena, simplement es transforma com l’energia per anar a fer petar allà on calguin grans dosis d’imaginació, empenta i coratge davant la dificultat i l’impredictible. Allà serà on el trobarem, no en tinc cap dubte. Deixarà aquesta trinxera i haurà estat com el llegat de l’últim dels posseïdors de la capacitat de representació i interpretació d’una societat complexa, més enllà del que digui la demoscòpia. Marxa l’últim d’una generació molt especial. Ara obrim un nou panorama. Les eleccions previstes per a la tardor donaran pas a una etapa diferent, amb nous actors. Estarem atents.
Hola, José Montilla (29/06/06)
Con José Montilla puedes quedar a comer y no abrir boca hasta el segundo plato. Y de golpe iniciar una intensa conversación que dure ininterrumpidamente hasta bien pasado el término de una decente sobremesa. Dicen que es timidez. Yo creo, más bien, que prefiere callar antes que llenar el silencio de lugares comunes, frases hechas y atiborrarlo de palabras huecas que no aportan nada. Creo que es de los que prefiere escuchar y comprender.
Hoy en día parece no haber espacio para el silencio. Nos abruma no tener nada que decir, aunque sea una verdadera sandez. Nos aterra enfrentarnos al vecino en el ascensor y ponernos que contar los segundos de silencio angustioso hasta que llega nuestra parada y respiramos con una leve despedida. Por eso José Montilla desconcierta. Sólo habla si tiene algo que decir, en serio. Y no nos cabe en la cabeza que alguien y menos un político de su relevancia y responsabilidad, no intente aturdirnos con la verborrea clásica. Estamos programados para apagar los oídos y con Montilla no es necesario. Seguro que mucha gente no sabría reconocer ni su timbre de voz. Es más, estoy seguro de que sus palabras reúnen mayor audiencia, precisamente, por su laconismo. Es un ecónomo del verbo.
Y precisamente ahí reside su singularidad. No es un político al uso, desde luego. Ni pretende serlo. ¿Un gestor? ¿Una persona fría y rigurosa? ¿Un calculador? Seguro que concilia todos estos adjetivos. Sin duda. Pero lo hace desde un estilo nuevo. Si me permitís, quizá más respetuoso con los ciudadanos y la ciudadanas.
Es verdad que venimos de una cultura política de grandes liderazgos sociales y mediáticos y que nos costará acostumbrarnos a otros formatos. No obstante, y sin que sirva de menoscabo hacia ninguna de las figuras de nuestra historia política democrática, afirmo sin rodeos que ante la disyuntiva de elegir entre liderazgos construidos a base de márketing y demoscopia y otros relacionados con las trayectorias y el mérito, yo me quedo con éstos últimos. Prefiero no hablar hasta los postres, que no tener nada nuevo que decir cuando llega la hora del café. Prefiero palabras justas y honestas que el tedio de tener que desentrañar un mensaje tejido en una complicada telaraña de retórica vacía.
No obstante, José Montilla, que gana mucho en el regate corto, debería andar con tiento si no quiere que se malinterpreten sus palabras y sus silencios. Debe acertar ahora más que nunca en sus intervenciones. Corre el riesgo de no ser entendido y de ver como crece toda una corte de exégetas de su pensamiento y obra.
Este sábado me encuentro con él. Bueno, de hecho mantendremos una reunión con los secretarios generales de las Federaciones Nacionales de la UGT de Catalunya. Tendremos una buena y nueva oportunidad de compartir sus reflexiones en voz alta. No sabremos cuáles se reservará para si.
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