Nou Cicle
 
 
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LEGAÑAS

 

LUIS ARIAS

 

No habría que hablar de "las nieves del tiempo", sino de las legañas que vuelven, o que aún no nos hemos despojado de ellas. Tras la noche de San Bartolomé, en la portada de muchos periódicos, una de las estatuas ecuestres del invicto caudillo es elevada hacia las alturas. Se ve también una bandera que ondea en un tejado próximo. El evento tiene lugar en la Academia militar de Zaragoza, en su momento dirigida por el dictador. Tal cosa sucede cuando faltan pocos meses para que cumplan 31 años tras la muerte de Franco. Esta democracia nuestra va a cámara lenta, pensaría cualquier foráneo que se asomase por estos andurriales.

Como mínimo, sorprende que, tres décadas después de su muerte, Franco siga teniendo protagonismo en las noticias nuestras de cada día. Asombra aún más que haya quien se sienta molesto por el hecho de que un Estado democrático tome decisiones conducentes a que desaparezcan simbologías de una dictadura. Decir que tal decisión la toma el Gobierno para mayor satisfacción de la extrema izquierda no sólo es insostenible, sino que se vuelve en contra de muchos, empezando por quienes tal cosa esgrimen. De tal aseveración podría colegirse que sólo la extrema izquierda quiere que desaparezca de las plazas e instituciones públicas la iconografía franquista. Ergo, quien no sea de extrema izquierda se siente dichoso con tal presencia. O, al menos, convive a gusto tropezándose con ella. Argumentación poco digerible, parece.

Bien es cierto que hay que enfrentarse con el presente, que es la única forma de apostar por el futuro. Lo que sucede es que este Gobierno está tomando decisiones que se tendrían que haber resuelto mucho antes, empezando por los catorce años de Gobierno socialista, sin perder de vista que muchos Alcaldes, gran parte de ellos socialistas, no acometieron esta tarea cuando democráticamente estaban facultados para ello.

Pensando en todo esto, es inevitable que se nos escape un mohín de tristeza. Parece confirmarse que España no es sólo la historia de una angustia, como en su día planteó Américo Castro, sino que es también el país que llega tarde a casi todo, que acude con demasiado retraso a las citas que concierta con el devenir de los tiempos, tal y como vislumbró con amarga lucidez Ortega.

Legañas que nos pesan y que dificultan el movimiento de los párpados. Legañas que nos llevan a un tiempo y un país que, iniciada ya la etapa democrática, aún exhibía en lugares fácilmente imaginables fragmentos de un discurso de Franco en la Academia que dirigió de la que ahora mismo acaba de ser retirada su estatua. Hablaba de disciplina. Y aquello erizaba piel y cabellos de un modo no sólo metafórico.

Legañas. Un partido conservador que no quiere romper con el franquismo, o que, al menos no se manifiesta abiertamente contra un régimen dictatorial. Legañas, un discurso que habla de resentimientos y de oscuras maniobras políticas con respecto al pasado. Legañas, un argumentario mohoso e insostenible. A los 75 años de la proclamación de la Segunda República, se incide en los errores, reales e inventados, de aquel Estado. Al tiempo que eso se hace, hay quienes manifiestan el juicio más magnánimo imaginable acerca del monarca que, indirectamente, la trajo: Alfonso XIII. Se destaca su campechanía y su casticismo, y se obvia que su reinado llevó al país a una situación desastrosa.

Legañas. Alfonso XIII, jovial y simpatiquísimo. La Segunda República, causante de todos los males habidos y por haber. La Guerra, inevitable. El dictador, poco menos que un regalo de la Providencia para mayor beneficio de nuestra unidad de destino en lo universal. Que el Estado democrático lo retire de las plazas, calles e instituciones constituye una provocación.

Legañas. La Historia, como la Biblia, no puede ser leída ni tampoco interpretada por cualquiera. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Sólo por los bien nacidos. Y este Gobierno bucea en ella con pérfidas intenciones de las que se derivarán tremebundas consecuencias.

Legañas. La dictadura nos pesa aún en los párpados. Aún no entró en la historia. Todavía permanece en el debate público.
La Opinión de A Coruña - 29 d'Agost 2006

 
 
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